
En el Perú, los cambios bruscos a nivel social y político parecen ser “pan de cada día”; a nivel económico, a fines de los 80’ la hiperinflación y actualmente la crisis financiera, son parte de la herencia que sobrellevan esta generación. La consecuencia de ello, ha significado el desinterés por participar en los asuntos públicos y la precaria incorporación en la vida económica, tal como señalan muchos estudios sobre la juventud: éstos han crecido con el desencanto hacia la política y con la cultura de la búsqueda de la felicidad a través del éxito individual y del consumismo. Habría que tener en cuenta ello en los análisis y en la construcción de alternativas.
En ese sentido debemos tener en cuenta, que la actual crisis mundial, tiene muchas aristas por dónde deben analizarse. Un interesante artículo de Rolando Ames, nos señala:
“La actual crisis mundial dista de ser exclusivamente económica, ya que esta puso en evidencia graves fallas de la política y del Estado -en su relación con los agentes económicos-, en los países más poderosos. También se pone en cuestión una ideología -según la cual los mercados debían regularse solos-, una cultura y, sobre todo, la ética de las élites con mayor poder. Ante este panorama, surge la necesidad de equilibrios institucionales nuevos que permitan mayor presencia pública de los intereses de distintos sectores sociales, así como la existencia de organismos que regulen el capital financiero de los espacios globales”.
No cabe duda, que los retos son grandes, precisamente hacia ello es que deben apuntalar los jóvenes: uno, romper con la cultura de la codicia sin límites y la irresponsabilidad; así podríamos enfrentar en el plano económico, la reducción de las actividades, la postergación de los proyectos de inversión, disminución de las ventas y el consumo, el aumento del desempleo, el estancamiento de los salarios y el uso inadecuado de los beneficios sociales y; dos, mejorar las instituciones democráticas existentes, contrarrestando así la apatía hacia la política, apostando hacia la consolidación de mejores instituciones, renovación de los partidos políticos y una mejor participación cívica de la sociedad. Recordemos que esta crisis estalló y se propagó porque se sobredimensionó el rol del mercado y se subvaloró el rol del estado. ¿Cuál sería la gran lección?: una política más provisora y de mejor calidad.
Es en ese sentido que esta tarea no sólo le compete a los jóvenes sino debe ser intergeneracional: lograr que sean capaces de organizarse, incidan y generen riqueza de forma responsable.
Documento elaborado para Seminario JOC Lima, marzo 2009.







